Transcripción resumida de la exposición de Josep Marc Laporta —psicólogo social y coach— en el magazine matinal radiofónico de Radio Arena, emitido semanalmente durante los últimos cuatro años. Consultas y conferencias: jmlfcoach@hotmail.com

· La culpa


La culpa es un sentimiento de recriminación propia, ya sea por ofensas imaginarias o por sentirse inadecuado e impropio. La culpa nos dice que hemos violado algo y que tenemos que buscar la forma de repararlo. En una sociedad donde el respeto y la tolerancia han tratado de sustituir y anular cualquier concepto de culpa, este sentimiento es imprescindible, siendo consecuencia de nuestra naturaleza y condición humana e inteligente.

Por nuestra tradición cristiana, la culpa ha estado más presente en nuestra cultura. Sin duda, el catolicismo romano utilizó este sentimiento para fortalecer la piedad y la religiosidad, aunque muchas veces de manera improcedente y arbitraria. Pero sería muy aventurado determinar que por causa de las religiones cristianas, especialmente la católico-romana, el sentimiento de culpa ha influido de manera definitoria en nuestra cultura occidental. La culpabilidad es una reacción muy humana que conforma nuestra psicología personal. Sin la culpa no se producirían distintas reacciones como la restitución de un agravio, el perdón, la clemencia, las actitudes reparadoras o la misericordia. Sentirse culpable de algo, ya sea por causa propia o ajena, es una manera de regular nuestra concepción de las relaciones humanas, de lo que es correcto o no, o del bien y del mal como pauta social de convivencia y de superación personal. Por tanto, pese a sus contrariedades psicológicas que en ocasiones pudiera aportar, la culpa es necesaria.

No obstante es importante apuntar que muchas veces la culpa es fuente de dolor, sufrimiento e, incluso, de suplicio personal. Para algunas personas el sentimiento de culpa es tan frecuente y habitual que acaba resultando invalidante, las bloquea. Todos experimentamos sentimientos de culpa en la vida; la diferencia está en lo que hacemos cuando la experimentamos: algunos intentan resolver aquello de que se sienten culpables y, como muchas veces no se puede, se sienten mal, otra vez culpables, y viven intentando deshacerse de la culpa, de modo que ésta se convierte en la brújula que rige su vida y actúan tratando de evitar sentirse culpables.

Existen una serie de sensaciones físicas —dolor de estómago, de cabeza, de espalda, presión en el pecho—; otras emocionales —nerviosismo, desasosiego, irascibilidad—; y otras de carácter mental —pensamientos de autoreproche y autoacusaciones—, que pueden resultar indicativas de que los sentimientos de culpa están lastrando nuestra vida. Las personas que tienen más problemas para gestionar esta emoción suelen ser muy perfeccionistas, porque quieren quedar bien siempre y con todo el mundo, y tratan de buscar soluciones a todo, tratando de complacer a todos continuamente. También son personas que tienen un pensamiento polarizado, caracterizado por pensar que las cosas son blancas o negras; o un pensamiento negativo, determinado por magnificar los aspectos negativos sobre los positivos; o un elevado sentido del deber, con un fuerte sentimiento de que las normas prevalecen sobre las acciones; y de la responsabilidad, pues tienen la característica de responsabilizarse excesivamente de las vidas de los demás y de cuanto ocurre a su alrededor.

Cuando una persona se siente culpable por todo o tiende a buscar explicaciones en la propia culpa, normalmente tiene una estrecha relación con la autoestima. Son personas que han aprendido a tener la culpa como recurso porque no saben cómo afrontar las cosas de otra manera. Habitualmente este sentimiento se desarrolla en la infancia como un recurso para sobrevivir cuando al niño no le han hecho sentirse querido incondicionalmente. Cada vez que le llaman la atención o le regañan por algo, con razón o sin ella, el niño piensa que es porque está haciendo algo mal y nunca se plantea que puedan ser los padres los que están equivocados. Luego, de adulto, cada vez que se enfrenta a algo que no cuadra o que no entiende, piensa que debe ser culpa suya o que hace algo mal.

Muchas veces, un abusivo adoctrinamiento religioso o moral determinará un alto sentimiento de culpa que puede llevar a actitudes de limitación y bloqueo personal. Este tipo de culpabilidad religiosa o moral se da frecuentemente en mujeres, ya que en el pasado sufrieron mucho más el adoctrinamiento; también por su mayor sensibilidad interpersonal y su mayor predisposición a sentirse responsables por la vida de otros y, asimismo, a su mayor ansiedad y agresividad contenida que tienden a volcar en ellas mismas por la vía del autoreproche. Sin embargo, este hecho no es una desventaja para las mujeres, pues cuando no es obsesiva ni provoca excesivo desasosiego, tiene un componente positivo en lo personal, ya que permite tomar conciencia de que somos limitados, de que estamos dañando a otras personas o de que hemos de atendernos más a nosotros mismos; y a nivel social, nos lleva a disculparnos y a reparar el daño que hacemos a los demás, evitando que se rompan las relaciones.

En su grado adecuado, los sentimientos de culpa son muy útiles, ya que tienen un efecto positivo en las relaciones humanas. Sin ellos, el individualismo que caracteriza a esta sociedad quedaría a expensas de la indiferencia y el aislamiento relacional. Muchas personas no empatizan y no sienten culpa por el daño que hacen a los demás, así que si no se disculpan, si no reparan y restauran las equivocaciones, los lazos se van rompiendo, dañando consecuentemente a la sociedad. Como indica Laura Rojas-Marcos en El sentimiento de culpa (Ed. Aguilar), la culpa “es un barómetro de nuestra conducta, indicando la diferencia entre la buena y la mala conducta; pero no hay que huir de ella porque nos ayuda a tener buenas relaciones, a no ser impulsivos y a tomar buenas decisiones. El problema es cuando las personas se sienten culpables de forma exagerada o por cuestiones que no son responsabilidad suya”. El quid de la cuestión es cuando uno tiene automatizada la culpa como justificación a sus frustraciones, cuando este sentimiento se ha convertido en la brújula de su vida. Es entonces cuando hay que buscar ayuda profesional o atender a unos consejos que pueden ayudar a superarla.

Hacia una culpa saludable y beneficiosa

* Comprender los dos tipos de culpa. Una es la culpa que nos hace responsables de nuestros actos en relación con nosotros mismos y con los semejantes; y la otra es la que nos somete, que intenta conducir nuestro comportamiento. La segunda es la perjudicial para nuestra salud psicológica.
* Identificar la propia culpa. Para salir del atolladero de la culpa negativa y bloqueante, es necesario identificar qué situaciones o cuestiones nos producen sentimientos de culpa irrefrenables, estar pendiente de cuándo aparece y analizar si tiene sentido o no, si es una culpa real o irreal.
* Detectar el chantaje de la culpa. Cualquier sentimiento de culpa irreal provoca un chantaje emocional, por lo que hay que detectar qué es lo que nos dice la culpa que debemos hacer y qué es lo que, si nos sintiéramos culpables, querríamos hacer, para decidir si la culpa ayuda o perjudica nuestros objetivos y decisiones.
* Atajar el exceso de responsabilidad. Una culpa mal entendida es un exceso de responsabilidad con nosotros mismos, además de una autoestima desdibujada. Entender que todo lo que pasa en la vida no depende de uno mismo, es entender que obligatoriamente no somos culpables de todo. Hay que tener presente cuáles son nuestras responsabilidades y cuáles no, y ser modestos, porque no todo lo que pasa en la vida depende de uno mismo.
* Racionalizar y relativizar la culpa. Para romper con el automatismo de la culpa irracional e infundada es necesario racionalizarla y relativizarla. Es conveniente hacer un ejercicio mental de quitarle importancia, de dejarla a un lado por pura decisión racional y atrevida. Por lo general, es saludable relativizar las cosas, quitándole importancia, para darles a otras que sí son trascendentales. La culpa también la podemos relativizar, no darle importancia, no para hacernos más insensibles sino para concentrar nuestra mente en lo que realmente tiene valor, en lo positivo, porque ello nos construye y nos hace más estables.
* Ver el presente desde el futuro. Mirar la vida y nuestra responsabilidad desde el hoy nos puede agobiar y angustiar. El presente es demasiado presente como para tenerlo en cuenta cada cinco minutos. Un buen ejercicio para eliminar sentimientos de culpa infundados es mirar nuestra vida actual desde el futuro, observando la realidad de lo que sucede con preguntas como “esa actitud de culpabilización que tengo ahora ¿la voy a tener que sobrellevar obligatoriamente en el futuro?’, o ¿para qué preocuparme de culpabilizarme por algo que en el día de mañana no me va a aportar nada?, o ¿la preocupación culpabilizadora de hoy me servirá de algo en el futuro?
* Encontrar salidas, sustituciones o soluciones a las culpas infundadas y peligrosas. Ante una culpa injustificada hay que abrir un abanico de explicaciones y preguntarse qué otras razones puede haber para que haya ocurrido eso, más allá de la explicación de que nosotros lo hemos hecho mal. Es necesario encontrar soluciones al margen de fustigarnos con nuestros reproches, porque por más culpables que nos sintamos eso no soluciona nada.
* Acudir a una persona de confianza para recibir objetividad. Es bueno recurrir a una persona de confianza que nos ayude a objetivar si existen razones para sentirnos culpables o si estamos siendo víctimas de un chantaje emocional, propio o ajeno. A veces, esa persona puede ser amiga o no, pero es importante que sintamos que es alguien objetivo y que podemos confiar en su actitud y manera de tratar el tema.
* Asumir los errores, pedir perdón y seguir adelante. Cuando la culpa aparece en nosotros por haber hecho algo mal o haber actuado de manera improcedente, deberemos asumir el error, tratar de arreglar el problema de la mejor manera posible, perdir disculpas sinceramente, perdonarse uno mismo y continuar hacia adelante. La culpa real y razonable es un buen barómetro para equilibrar nuestras vidas y relaciones sociales.

©2011 Josep Marc Laporta


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2 comentarios:

  1. La culpa.... en mi caso me lleva a la deseperación, siempre tengo sentimiento de que no hago nada bien o que estoy en deuda con todo el mundo. Estoy excesivamente inculpada y necesito sacarme de encima esta responsabilidad. Agradezco mucho este bloc porque me libera un poco de la presion que yo misma me pongo. Voy a poner en practica sus consejos. Son muy utiles.

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  2. La culpa es uno de los sentimientos más dificles de gestionar. Pero siguiendo las pautas adecuadas se puede lograr. Excelente artículo http://psicorumbo.com/5-pautas-para-gestionar-el-sentimiento-de-culpa/

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