Transcripción resumida de la exposición de Josep Marc Laporta —psicólogo social y coach— en el magazine matinal radiofónico de Radio Arena, emitido semanalmente durante los últimos cuatro años. Consultas y conferencias: jmlfcoach@hotmail.com

· Dialogar sin discutir

La discusión es la enfermedad de la incomprensión. Acostumbramos a discutir cuando no somos capaces de retener el control de nuestra disposición a escuchar activamente y reflexionar de manera pausada y positiva. Dos personas que hablan debieran razonar conjuntamente, permitiendo que las palabras atendieran a la razón. En el idioma catalán, existe una interesante palabra que se utiliza como sinónimo de conversación: enraonar. La base semántica de esta palabra viene a significar ‘dar la razón’ (dar información, referencia) y ‘devolver la razón’ (proseguir un diálogo). Sirva esta acepción lingüística para observar que conversar puede ser y, en realidad, es, una acción activa de la razón. En idioma castellano, la palabra dialogar significa ‘conversar dos o más personas intercambiándose el turno de palabra’. Por ello, el diálogo o la conversación es una acción común, a partes iguales, con la finalidad de entretejer un resultado final de comprensión colectiva.

Las razones de por qué discutimos en lugar de dialogar, es por una cuestión de hábito. Nos encanta tener la razón y cuando entramos en diálogo queremos que nos den la razón por encima de todo. Hay personas que les gusta tener la razón porque están inseguras de lo que piensan. No obstante, quien está seguro de lo que cree y piensa no le importa tanto que le den la razón. Hay personas que son tan dialécticas, que llevan su conversación a la discusión como elemento fundamental del diálogo. Creen que la discusión convertirá su conversación en más interesante y productiva. No es así: una conversación efervescente y enfervorizada lleva directamente al radicalismo y a la toma de posiciones tajantes, drásticas y fundamentalistas. Sin duda, un carácter rígido anima a la discusión; y, al contrario, un carácter afable aviva la buena conversación.

Es cierto que la velocidad de nuestro tiempo anima la discusión. Tenemos prisa por llegar a todos los lugares, ya sean geográficos como intelectuales, por lo que muchas veces animamos la irreflexión y la precipitación. Lo que en definitiva conseguimos es distanciarnos unos de los otros, utilizando a la otra persona como un fin para mejorar y confirmar los que nosotros sabemos. Utilizamos la otra persona como una herramienta para ganar autoestima.

Algunas parejas empiezan a hablar sobre un tema concreto y a los cinco minutos ya discuten sobre ello, y a los diez discuten sobre la manera cómo están discutiendo. Muchas veces las discusiones no van sobre el tema de la discusión, sino sobre otras cosas que no tienen nada que ver con la realidad de lo que se habla. Aprender a conversar sobre el tema y no desviarse de él es un arte, pero también es una actitud de concreción y deseo de querer llegar a conclusiones compartidas.

Tendemos a conversar no con la otra persona, sino escuchándonos a nosotros mismos, sin disponer de tiempo para escuchar al otro. Un ejemplo cotidiano nos ayudará a entender esta costumbre. En el saludo inicial, acostumbramos a preguntar ‘cómo estás’, y muchas veces no esperamos a escuchar la respuesta. Tan sólo escuchar la voz de contestación es suficiente para desconectar nuestras mentes de la naciente conversación. Un adagio lo resume con otras palabras: ‘el amigo es aquella extraña persona que te pregunta cómo estás y se espera a escuchar la respuesta’.

Para una buena comunicación entre dos personas

* Tener empatía; ponerse en la piel del otro. No sólo respecto al contenido, a lo que piensa y dice, sino respecto a lo afectivo; es decir, a sus emociones, en la comprensión de las emociones del otro.
* Cuando hablen, evitar interrumpirlos o querer acabar sus frases. A veces no nos esperamos a escuchar, sino que ya tenemos unas expectativas de lo que dirá y deseamos cortar para expresar nuestras opiniones o razones.
* No hacer intervenciones muy largas. En un diálogo, cuanto más larga sea una de las intervenciones, más posibilidades habrá de que flaquee el interés de la conversación.
* Recepción amable e inteligente. El rostro, la sonrisa, la posición del cuerpo o las manos pueden dar una bienvenida activa al interlocutor.
* No querer imponer nuestro propio discurso. La conversación es un espacio donde dos personas se encuentran al 50%. Imponer nuestro discurso es imponer un encuentro al 70% u 80%; más bien es un desencuentro.
* Dar una razón momentánea cuando se observa que existe obcecación en la otra parte. Es preferible perder momentáneamente, que inmiscuirse en una discusión ciega y obcecada. En otra ocasión, cuando se observe una actitud menos obsesiva, entablar una renovada conversación para llegar a puntos de comprensión sin discusiones.
* Parafrasear lo que dice la otra persona. Tomar algo de lo que ha dicho nuestro interlocutor y decirlo con nuestras propias palabras. De esta manera reforzamos los argumentos en los que estamos de acuerdo y creamos vías de comunicación.
* Si queremos dialogar sin discutir, debemos tener en cuenta las preguntas. Cuando hablamos con otra persona, las preguntas pueden indicar que estamos siguiendo la conversación, interesados en ella. Pero habrá que ir con cuidado, también hay personas que preguntan para encontrar un fallo, formulando preguntas indiscretas; entonces, cuando encuentran el error, lo hacen notar, así tienen la sensación de que ganan y la otra persona se encuentra desprotegida. No obstante, no me refiero a este tipo de preguntas, sino a aquellas que ayudan a hablar, a comunicarse, a construir puentes, a las que se interesan en la profundidad del tema, que buscan llegar a conclusiones positivas.
* Conversar requiere un buen equilibrio entre las palabras y los silencios. Tendemos a pensar que los silencios son agresivos y desafiantes, pero la buena combinación de palabras y silencios ofrece una buena salud a la conversación.
* Escuchar activamente y con complicidad. Solamente escuchar, sin entrar a prejuzgar lo que significa lo que está diciendo, simplemente recibir lo que nos dicen, entendiendo y comprendiendo las palabras presentes.
* Opinar sólo si nos lo piden. En el transcurso de una conversación puede resultar muy molesto que nos digan lo que hemos de hacer, cuando no lo hemos solicitado. Es sabio opinar si nuestro interlocutor de alguna manera nos invita a hacerlo.
* Si se produce una discusión, derivar la conversación hacia un punto de encuentro. En lugar de continuar con una escalada de resistencia y lucha, buscar puntos de unión para rebajar la tensión.
*Alejar las distracciones. Algo que, lógicamente, pone nerviosa a muchas personas es observar que mientras ellas están hablando y explicándose, su interlocutor está mirando hacia otro lado o no está atento. Por lo tanto, es lógico que se sientan humilladas. Alejar las distracciones es mostrar atención, mirar a la cara y dar señas gestuales de asentimiento y aceptación.
* De la capacidad de escuchar depende la capacidad de evolucionar. Escuchar es una de las fuentes del conocimiento y del saber. Quien escucha, conoce, aprende y se construye.

©2011 Josep Marc Laporta

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2 comentarios:

  1. Me parece muy interesante y util este bloc. Agradezco señor Laporta que deje aquí todo lo que emite en la radio, nos esta siendo de mucha ayuda.

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  2. He leido varios post de usted y los encuentro muy interesantes , son tan interesantes que deberian estar en las escuelas para formar a las personas, y seguro estoy de que seriamos mejores.

    Un saludo de Antonio Larrosa

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